CONVERSACIÓN I: Ferran López, director de Teknecultura  & Àngel Mestres, director de Trànsit Projectes […]

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Sobre CONVERSACIONES EN CONFINAMIENTO*: «No hay nada más dañino que un tonto fatuo que se cree periodista.» Escribió Karl Kraus en 1915 durante su auto impuesto confinamiento. Kraus era agorafóbico pero ante la exigencia de los hechos, hacía muy poco que la Primera Guerra Mundial había estallado allá afuera, transformó su casa de Viena en la redacción de Die Fackel (La antorcha), revista de la que desde entonces se convirtió en su único redactor. Según dijo él mismo, declarando con ella su propia guerra contra la desinformación, el estereotipo, el tópico y el lugar común. «En épocas de bancarrota intelectual, lo que se emite en vez de la moneda ilustrativa es el papel moneda del tópico», se lee sin ir más lejos en uno de sus números a propósito de las informaciones sobre la guerra que lee en los periódicos. Nosotros no pretendemos tan altas ambiciones, ni las de Kraus ni las del periodismo. Seguramente repetiremos más de un tópico pero sortearemos lo mejor que podamos los obstáculos del lugar común. Estas conversaciones (en cuarentena) no son pues una guerra contra nada y contra nadie, son, simplemente, una manera de continuar, desde nuestro rincón ahora un poco más enclaustrado, reflexionando en voz alta y con los que nos rodean sobre lo que nos atañe y nos importa: generar juntos las condiciones para que crezcan proyectos que trabajen por el acceso al capital cultural.

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La crisis pandémica cambiará el mundo en el que vivimos, la cultura cambiará su rol. Los profesionales creemos que merece centralidad, pero no la tenemos garantizada, nos la tenemos que ganar, la tenemos que merecer a ojos de la ciudadanía. Debemos hacerlo en muchos frentes, en el relacional, en el conceptual y, como no, debemos hacerlo en el digital, con innovación. Las pistas las tenemos, certezas pocas. Una de las certezas es que harán falta complicidades y solidaridades intersectoriales y del sector con la sociedad a la que pertenece. En un momento histórico en el que las dinámicas de la acumulación parecen reformularse en una suerte de capitalismo digital, el único camino hacia una propuesta innovadora parece ser, justamente, enseñar las cartas. Poner encima de la mesa lo que se tiene y lo que se sabe.

La sociedad que nos viene es nueva. En cierto modo, siempre lo es. La sociedad es un sujeto muy dinámico, pero ahora todo apunta a una mayor revisión, a cambios disruptivos en aspectos esenciales de nuestra forma de vivir. Los filósofos actúan como faros antiniebla:

“Lo que realmente creo que cambiará con la crisis es la consciencia que tenemos de nosotros mismos. Habrá una revalorización del conocimiento, de la ciencia, de las nuevas tecnologías. (…) Esta experiencia de vulnerabilidad universal nos está invitando cada vez más a definirnos como a sujetos que dependen los unos de los otros (..).” (Daniel Innerarity)

Por lo tanto, ofrecer, formular, recombinar y llevar nuestros proyectos hacia un lugar nuevo con la ayuda de los otros. En definitiva, estamos yendo de la especialización al aprender haciendo. Estos cambios tendrán un impacto evidente en la cultura, la reubicarán en un nuevo rol, y este será el resultado de una nueva revalorización por parte de nuestros conciudadanos. Nosotros, los gestores, los artistas y el resto de profesionales lo tenemos claro. De forma, argumentada y sincera, vemos la cultura en el centro del debate que debe decidir cómo será el futuro:

“Es muy posible que cuando salgamos de esta epidemia no podamos analizar la cultura ni practicar desde las inercias del pasado, aunque olvidamos muy rápido. A qué comunidades se dirige la cultura y de qué manera lo hace será una pregunta esencial.” (Íngrid Guardiola)

Esta pregunta nos marca el camino: ¿de qué manera se trabaja, se comparte, se conceptualiza, y, en definitiva, se vive con estas comunidades? Este posicionamiento nos ofrece un amplio campo de trabajo como decimos en Queremos sonreír, nuestra más reciente publicación: “lo están explorando los agentes… de los eventos a los procesos. De los públicos a las comunidades. Del comunicar al narrar. La escucha como actitud. La posibilidad como eje de acción y la colaboración como praxis. Copiar, intercambiar, co-crear, mostrar. Conocimiento, encuentro e intercambio1.

Quizás el confinamiento hará más evidente el valor del arte y la cultura en nuestra cotidianidad. Echaremos de menos una cultura en vivo que nos reúne, a la vez que la cultura que podemos disfrutar nos acompaña. ¿Cómo sería el confinamiento de la poesía, la literatura, la música, las películas…? Adaptando las palabras del poeta Joan Margarit, sería un doble confinamiento2.

En este momento, y ahora más que nunca, debemos estar interconectados y poniendo ideas encima de las mesas, nuestras y alienas. Tal como afirma el escritor israelí David Grossman:

“En momentos paralizantes como estos, la imaginación es como un ancla que lanzamos desde las profundidades de la desesperación hacía el futuro y que nos permite impulsarnos hacia este futuro”.

Justo ahora es el momento,

“Igual como en el periodo 1946-1950 hubo un proceso muy imaginativo para crear nuevas instituciones y transformar la sociedad (…), 2020 debería ser el año en el que empezamos a repensar nuestros objetivos y ambiciones culturales. (Simon Mundy).

La tecnología durante el confinamiento nos acompaña en el ocio y en el trabajo, imaginad cómo lo podríamos hacer una vez volvamos a estar en espacios comunes relacionales, con la experiencia que hemos acumulado estos días…

Ahora bien, que la cultura ocupe un rol central en las sociedades, como podemos reivindicar desde dentro, no está ni mucho menos garantizado. Debemos ganárnoslo, siendo útiles, referenciales, aportando valor (no nos referimos a lo económico, o no solamente) y relevancia. El sector y sus profesionales podemos ser menos necesarios en el mundo que emergerá. Conviene no olvidarlo. Nuestra buena intención no es suficiente.

Lo que hemos dicho hasta ahora nos lleva, justamente, a hablar de trascendencia. Una trascendencia que tiene diversas formas de abordarse, de hacerse desde la comunidad: ¿hacemos proyectos que aportan valor (inciden, penetran, sacuden) los territorios donde se desarrollan? ¿Nuestras ideas (centros, emprendimientos, proyectos) afectan y/o marcan positivamente? ¿Cómo trabajamos los fracasos? ¿Los proyectos son exitosos en función de unas determinadas cifras: seguidores, públicos, facturación? ¿Nuestra actividad se plantea como un laboratorio de investigación constante? ¿Optamos por repetirnos? En los tiempos que corren, en los que el valor de casi todo acaba reducido a un problema de ejercicio contable, es preferible pensar que -como decía Porter- pese a estar en un entorno competitivo y económico, la cultura es necesaria para empoderar a las personas y los territorios.3

Necesitamos una cultura que nos reúna de nuevo, que nos ayude a entender nuestros sentimientos, a conocernos a nosotros y a los demás, que nos lleve a reflexionar, a construir visiones propias y críticas. Necesitamos también una cultura que nos emocione4, que nos conecte, que nos haga reír por un momento. No hace falta menospreciar ningún formato por más mainstream que sea, pero sí que es necesario ser conscientes del valor de la diversidad, de la necesidad de explicar la realidad tangible e intangible desde diferentes perspectivas y con diferentes prismas. Y, en especial, de poner en valor lo que pisa las mismas calles que su audiencia.

¿Cómo lo hacemos? No hay respuestas, ni mucho menos, aunque sí mucha reflexión:

Manual sobre museos e inteligencia artificial (2020), Goldsmith’s, Universidad de Londres

Estudio europeo sobre la relación entre les actividades artísticas y el desarrollo de tecnologías digitales (2019), NESTA / Parlament Europeu

Informe The Shock of the New: Arts, Technology, and Making Sense of the Future (2018), Salzburg Global Seminar

Informe de la conferencia “ctrl+shift HUMAN: Arts, Sciences & Technologies in Coded Societies” (Culture Action Europe, Timisoara, 2018)

Informe europeo sobre la promoción del acceso a la cultura a través de medios digitales (2017)

BuiltIn, “17 Blockchain Music Companies Reshaping a Troubled Industry” (2019/2020)

Roberto Gómez de la Iglesia y Ricardo Antón Troyas, Kultursistema. Matriz para el mapeado, interpretación y análisis de los ecosistemas culturales y creativos (2019)

Lecturas interesantes que no evitaran el ensayo y error, pero que pueden hacerlo el proceso mucho más productivo. Las lecturas son para copiarlas, pensad que, si copiáis de uno, estáis plagiando, pero si copiáis de muchos, investigáis. Bromas aparte, investiguemos, mejoremos nuestras ideas y como nos decía Jorge Wagensberg: “Entremos a hablar con un grupo pensando que no todos ignoramos lo mismo”.

A hacerlo estamos llamados muchos: los profesionales, instituciones, proyectos, organizaciones, empresas, activistas, comunidad educativa, artistas consolidados y emergentes… que conforman un ecosistema cultural que necesitará de solidaridad y esfuerzo de todos.

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1 Podéis encontrar la versión online del primer capítulo del libro “Queremos sonreír. Activar la cultura local” en el siguiente link: https://issuu.com/transitprojectes/docs/cap_0_queremos_sonreir

2 “Tal vez lo mejor que pueda decirse de un libro es que es necesario. Más acá de la vida y más allá de la literatura, éste lo es. Pocas veces unos versos tan desconsoladores habrán producido tanta sensación de consuelo.” Joan Margarit https://elpais.com/diario/2002/05/18/babelia/1021679426_850215.html

3 Nos permitimos un toque vintage con este video https://www.youtube.com/watch?v=PuyY7aWYBGA

4 Qué grandes la gente de la revista Líbero: https://www.youtube.com/watch?v=NlOtryW8QTw&t=4s

* Imagen: Erwin Wurm: https://www.erwinwurm.at/