CONVERSACIÓN III (parte uno): Jordi Baltà @jordibalta, Tomás Guido @tomasguido, Mario Hinojos @_mhinojos, Àngel Mestres@mestresbcn, Mariana Pfenniger @m_pfenniger de Trànsit Projectes @TransitCultura & APGCC @apgcc […]

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Sobre CONVERSACIONES EN CONFINAMIENTO*: «No hay nada más dañino que un tonto fatuo que se cree periodista.» Escribió Karl Kraus en 1915 durante su auto impuesto confinamiento. Kraus era agorafóbico pero ante la exigencia de los hechos, hacía muy poco que la Primera Guerra Mundial había estallado allá afuera, transformó su casa de Viena en la redacción de Die Fackel (La antorcha), revista de la que desde entonces se convirtió en su único redactor. Según dijo él mismo, declarando con ella su propia guerra contra la desinformación, el estereotipo, el tópico y el lugar común. «En épocas de bancarrota intelectual, lo que se emite en vez de la moneda ilustrativa es el papel moneda del tópico», se lee sin ir más lejos en uno de sus números a propósito de las informaciones sobre la guerra que lee en los periódicos. Nosotros no pretendemos tan altas ambiciones, ni las de Kraus ni las del periodismo. Seguramente repetiremos más de un tópico pero sortearemos lo mejor que podamos los obstáculos del lugar común. Estas conversaciones (en cuarentena) no son pues una guerra contra nada y contra nadie, son, simplemente, una manera de continuar, desde nuestro rincón ahora un poco más enclaustrado, reflexionando en voz alta y con los que nos rodean sobre lo que nos atañe y nos importa: generar juntos las condiciones para que crezcan proyectos que trabajen por el acceso al capital cultural.

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En la entrega anterior de esta serie nos atrevíamos a recuperar una pequeña batería de preguntas que la Associació de Professionals de la Gestió Cultural a Catalunya @apgcc nos lanzaba con motivo del encuentro Cultura al límit. Post-covid: realment la cultura canviarà? (también reseñado en este blog). La idea era, como explicamos antes, recoger dichos cuestionamientos de partida y llevarlos hacia una conversación interna, entre algunos compañeros de Trànsit Projectes, con el único fin de poner en común las inquietudes, ideas y referencias que nos están ayudando a pensar el presente y el futuro inmediatos de la cultura delante del escenario actual. “El paso del cruce de correos en que se convirtió la idea, a la forma de una tercera CONVERSACIÓN EN CONFINAMIENTO fue tan natural, que nos resultó imposible no compartirlo con vosotros”, decíamos entonces. El resultado, como ya se pudo ver en el post al que hacíamos alusión, ha sido una variopinta secuencia de opiniones e inquietudes colectivas. Una suerte de coro de múltiples voces, tantas, que hemos tenido que dividir la Conversación a la que dio pie en dos partes. Compartimos aquí la segunda entrega, con la ilusión de que genere tan buenas respuestas como la primera.

(CONVERSACIÓN EN CONFINAMIENTO III, continuación…)

3- Otra preocupación: suponiendo que la apuesta sea por los formatos digitales, ¿en qué plataformas compartiremos la producción cultural? ¿Consideramos a las grandes empresas como Google unos aliados o unos enemigos? ¿Queremos cooperar o luchar contra el dominio de estas empresas que controlan todo lo que consumimos?

  • Posicionamientos y alternativas: Podríamos suponer que es difícil dar una respuesta válida para todos. –A pesar de que antes hablábamos de la importancia de la colaboración, parecería natural que haya ámbitos donde no se pueda ir todos a una, y probablemente está bien que esto sea así–. Habrá quien necesitará Google y quien se posicionará en contra. Quien se podrá permitir el uso de determinadas plataformas, por así decir especializadas, y quienes deberán tirar con los recursos ‘gratuitos’ asumiendo sus distintas consecuencias. Dicho esto, es importante tener conciencia de las implicaciones que tiene el uso de determinados medios, y de las respuestas que se dan en términos de privacidad, libertad de expresión, igualdad, etc. Esto debería comportar que dentro de ciertos sectores haya quien quiera definir espacios alternativos de difusión y de generación de valor. En lo que a nosotros respecta la pregunta es también si somos o seremos capaces, aglutinando esfuerzos, de generar alternativas a esos grandes canales. 
  • Datos sobre las plataformas (en España): Asumiendo de nuevo la complejidad del escenario y las dudas que plantea esta pregunta, podríamos intentar ilustrarla un poco trayendo a colación algunos datos extraídos de La clase obrera de la cultura en la era Amazon, de José Durán Rodríguez: “Netflix empezó a operar en España en 2015 y desde un primer momento facturó los ingresos de sus clientes mediante una sociedad con sede en Países Bajos, Netflix International B.V. Así, sus beneficios no tributaban en la hacienda española. En 2018 creó dos filiales en España que en su primer ejercicio fiscal pagaron 3.146 euros, con un beneficio neto declarado de 9.439 euros. Una cantidad, como poco, sospechosa. HBO, otro gran canal de televisión con presencia en España desde finales de 2016, tampoco es trigo limpio en su tributación. En el ejercicio 2017, su filial española declaró unos ingresos de 1,7 millones de euros, todos ellos facturados a su matriz sueca. La sociedad devengó un impuesto de sociedades de 45.205 euros. Ni Netflix ni HBO, según informó la web vozpopuli.com el 17 de enero del presente año, han pagado un euro por derechos de autor a las entidades españolas de gestión, como la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores), desde que ambas plataformas operan en este país. Aunque Netflix habría llegado recientemente a un acuerdo con SGAE para abonar lo que debe, la razón del impago de ambas plataformas estriba en las discrepancias acerca del porcentaje que deben pagar sobre los ingresos correspondientes a las obras propiedad de artistas españoles. Y como no están de acuerdo con lo que exigen las sociedades de gestión, hasta ahora no han pagado nada por derechos de autor... El desembarco de estas grandes productoras audiovisuales se recibió como una buena noticia por el empleo que iban a crear, el mismo argumento que se usa en muchos otros sectores. Desde la Coordinadora de Artes Escénicas y Cinematográficas del sindicato CNT, sin embargo, critican las condiciones laborales que imponen. “Con la excusa de tratarse de producciones de bajo presupuesto para plataformas digitales, ofrecen condiciones por debajo de los convenios colectivos o directamente piden figurantes y actores gratis y sin contrato”, aseguran en un artículo publicado en el boletín informativo del sindicato correspondiente al primer trimestre de 2020.”
  • Alternativas al modelo -otra contrapregunta para este caso-: ¿Cómo generar –juntos– protocolos para distribuir los beneficios que generan estas plataformas en el resto de los estamentos de la cadena de valor? Luchar contra estas plataformas resulta prácticamente imposible, pero sin contenidos ni usuarios estos espacios no pueden sobrevivir. ¿Cómo intervenir? ¿Cómo propiciar que se integren los creadores y trabajadores de la cultura a estas nuevas dinámicas de exhibición y difusión sin que suponga su precarización? ¿Qué alternativas podemos generan –juntos– a este modelo de explotación? Y de la mano de lo anterior, ¿cómo podemos contribuir desde el sector a una sensibilización del público respecto al consumo ético de contenidos, respecto al uso de ciertas plataformas y el vínculo con empresas que establezcan relaciones profesionales responsables?
  • Sobre el capitalismo de plataforma: Intentando cubrir parte del espectro de lo que estamos comentando desde la primera pregunta, básicamente la unión continua de tres vectores, la debilidad económica del sector, la precariedad y las incertidumbre sobre cómo las nuevas prácticas de exhibición/distribución afectan al sector –el meollo de esta pregunta–, aquí unas ideas de Ingrid Guardiola @Ingridguardiola en esta entrevista para el diario El País –aparecida a finales del pasado mes de marzo– para cerrar el bloque: “Creo que estos tiempos de confinamiento no solo han provocado un sobreuso de la tecnología digital conectada (un ruido global insoportable), sino que en muchos casos nos están generando un uso consciente de las herramientas, se cargan de valor. Sería hipócrita y esnob no verlo así, yo misma estoy viviéndolo así. Mi hijo de dos años me dice que quiere entrar en la pantalla para ver a sus primos. Con mis alumnos hacemos clases virtuales con programas donde nos conectamos todos juntos. La conexión da paso a la comunicación, la relación virtual permite dibujar una experiencia colectiva, nos sentimos parte de una comunidad. Pero ahora mismo pienso en tres escenarios: 1) Los que no tienen que teletrabajar tienen el tiempo y las herramientas de comunicación, pero también el dilema de qué hacer con todo ello. Este paso nos lo habíamos saltado: ¿cómo nos relacionamos con estas herramientas? 2) También se está produciendo un abuso irreflexivo, está claro, e incluso la gente ha hecho aflorar el influencer que lleva dentro, convirtiendo las redes sociales en un espacio dominado por identidades dominantes (blanco, homosexual, clase media) haciendo cosas supuestamente graciosas o aleccionando al público. 3) Y los que, frente al pánico, buscan una teleterapia transitoria para no pensar en las devastadoras futuras consecuencias […]” “Para mí el problema no es la dependencia de estas tecnologías, sino cómo las empresas del capitalismo de plataforma están acumulando más poder del que ya tenían, y eso no estaba previsto a tan corto alcance: Google-YouTube, Amazon (acaba de anunciar la contratación de más de 100.000 nuevos trabajadores en Estados Unidos), las teleoperadoras, Facebook (WhatsApp), Microsoft (Skype), Netflix… y las grandes cadenas comerciales. El confinamiento nos está llevando a consumir a través de estos monocultivos basados en compañías que funcionan como plataformas de datos. Hay alternativas (Filmin, Teatroteca, medios especializados, los canales de muchas instituciones culturales, los libros —imprescindibles—, etcétera), pero sobre todo se trata de que cuando pase esto podamos recuperar el comercio de proximidad, la cultura de proximidad y una aproximación responsable al consumo y a la política…”
  • (Paréntesis 6, el relato: Pero no todo son los datos económicos, ¿y el relato? ¿quién está monopolizando la relación con el relato? Lo trae a colación un autor amigo de esta casa, Jorge Carrión en La biología está acelerando la digitalización del mundo, para New York Times en español @nytimeses: “Los beneficios económicos y las nuevas costumbres convergen en la memoria emocional de cada uno de nosotros. La facturación de las corporaciones tecnológicas no es solo monetaria, también es sentimental. Seremos cientos de millones quienes anclaremos para siempre nuestro recuerdo de la cuarentena en los vídeos, películas, series, canciones, mensajes de texto, fotos o videoconferencias que vivimos a través de media docena de gigantescas empresas de logística digital.”

4- Finalmente, ¿podemos hablar de referentes y de referencias? ¿En qué o en quiénes podemos fijarnos para empezar a dar estos pasos hacia el futuro?

  • Las librerías: Tenemos la sensación generalizada de que hay iniciativas muy interesantes en el ámbito de las librerías, tanto respecto a lo que ya se estaba haciendo antes de la crisis de la Covid-19, librerías de proximidad que combinan función cultural, educativa, etc., modelos muy originales de mecenazgo, cultura colaborativa y de prescripción, especialización de la oferta, incluso diversificación de la actividad comercial, etc. Como con respecto a las iniciativas más recientes, como librerías abiertas, modelos de prepago y otras iniciativas similares que buscan equilibrar ingresos, conectividad con la sociedad, una cierta reflexión ética, y una labor de acompañamiento y como decíamos antes, prescripción que va más allá del furor influencer o de la mera publicidad.
  • Las editoriales: Derivado de lo anterior, los dos casos más significativos, adeciones o esiciones aparte: libelista.com y todostuslibros.com “Dos buenas herramientas para realizar compras en que inviertes en el hoy para que exista el mañana”, afirmaba el escritor Jorge Carrión @jorgecarrion21 en un artículo aparecido en el periódico La Vanguardia a propósito de Sant Jordi 2020 –y que es también, un muestrario de referentes y referencias en qué y en quiénes mirarse y no mirarse en lo que respecta al ámbito editorial–. En el caso específico de los sellos editoriales, –nos cuenta también Carrión– destacan los casos de Comanegra o Nórdica, en cuyas webs se pueden comprar libros y señalar a qué librería deseas que se destine el 30% o el 35% del importe. O el caso de las editoriales Almadía, Sexto Piso y Era en México, que se han aliado en una campaña de crowdfunding conjunta para intentar sortear los embates de la crisis que genera la paralización comercial de la actividad. Y finalmente, esta iniciativa también relacionada con el autor de Librerías: Instrucciones para compartir tu biblioteca.
  • (Paréntesis 7, la pausa: Antes de dejar de lado el tema del mundo editorial y librero, no querríamos dejar de anotar el reciente posicionamiento de la editorial Errata Naturae, que ha tomado la decisión de parar momentáneamente, alargando sus plazos para próximas publicaciones como una respuesta al funcionamiento del sistema editorial. La decisión ha suscitado distintas reacciones en el interior del sector editorial. Algunos aplauden la iniciativa, otros ven en ella una maniobra más cercana al márketing, entre ellas la misma pregunta: ¿quién puede permitirse estos gestos? ¿qué hacemos para no renunciar a la actividad o dejarnos vencer por los condicionamientos del mercado y la vez ser sostenibles? Independientemente de las deseafecciones, resulta muy interesante leer el comunicado que han hecho público en estos días para entender el funcionamiento de un sector que, de alguna forma, resulta también un espejo en el que mirarnos desde nuestra actividad específica. Aquí la nota: https://erratanaturae.com/descargate-aqui-nuestro-anti-catalogo-de-novedades/
  • Diarios de la peste: En materia de contenidos, de estímulos para leer la realidad inmediata, más allá de la fallida –y desde cierto punto de vista criticable– Sopa de Wuhan, destacamos dos publicaciones periódicas vinculadas con lo literario que nos han ayudado mucho a sobrellevar estos días: 1) El diario de la peste que el escritor portugués Gonçalo M. Tavares está llevando desde el comienzo de la pandemia, y publicando simultáneamente en más de una decena de idiomas para – según sus propias palabras– abordar la idea de “la cultura como tentativa para disecar los días; yo quiero entender el interior de los días.”, dice. 2) El especial Diario de la pandemia de la Revista de la Universidad de México, coordinada por Guadalupe Nettel @nettelg, que está publicando en estos días las reflexiones de las voces más interesantes y destacadas de la literatura mundial contemporánea alrededor de la pandemia.
  • Los síntomas visuales de la pandemia: También el artículo de Iván Pintor @IvanPintorIran,  Iconografías de la pandemia aparecido en la web del CCCBLab @CCCBLab, que aborda “los síntomas visuales de la pandemia, su representación por parte de individuos, políticos, medios o el sector del entretenimiento, y el dilema que supone su cruce con el seguimiento personalizado de la población”.
  • Acompañamiento y redes ciudadanas: En otro orden de cosas –esperemos que no tan alejado de lo que nos compete– hay un espíritu que parece estar aflorando hacia la implementación de modelos muy prácticos y fáciles de aplicar de fórmulas de cooperación y trabajo colectivo. Lo vemos de forma muy clara en iniciativas de ayuda y acompañamiento ciudadano que bien podríamos intentar emular desde el sector cultural. Un ejemplo muy interesante es Frena la curva, más allá del modelo festival, que interesa y aporta conocimiento, el proyecto construye un mapa colaborativo de iniciativas ciudadanas de todo tipo, organizado bajo un criterio muy simple y operativo: necesidad, ofrecimiento, necesidad con intermediario y servicio. Según su propia definición: “Frena la Curva (FLC) es una plataforma ciudadana donde voluntarios, emprendedores, activistas, organizaciones sociales, makers y laboratorios de innovación pública y abierta, cooperan para canalizar y organizar la energía social y la resiliencia cívica frente a la pandemia del Covid-19 (coronavirus) dando una respuesta desde la sociedad civil complementaria a la del gobierno y los servicios públicos esenciales.” La pregunta sería: ¿pueden las iniciativas culturales integrarse en este tipo de redes? ¿No sería coherente y necesario reproducir modelos como este para nuestra actividad?
  • El futuro, las contenidos, la conversación: Un proyecto muy interesante tanto para pensar en el futuro, como para descubrir nuevas estrategias para generar divulgación, participación, conversación colectiva y análisis de contenidos: https://www.mutante.org/
  • Nuestros centros cívicos y culturales: Finalmente, sin ánimo de resultar autocomplacientes, nos gustaría romper aquí una lanza, públicamente, a favor de nuestros centros cívicos y culturales. Decimos nuestros desde el afecto, refiriéndonos en realidad a los centros de la red de Barcelona que se gestionan desde Trànsit Projectes. Por que todos, a su manera, han continuado trabajando y aprendiendo maneras distintas de reproducir las premisas de su actividad en un escenario totalmente contrario a su fin principal: el contacto directo con la ciudadanía. Cada uno desde su parcela, sin prácticamente un momento de pausa, se ha volcado a emplear todos los medios a su alcance para continuar generando cultura de proximidad. Cursos, grupos de whatsApp, tutoriales, testimonios de artistas y profesores, registros de procesos, talleres, retos, rutas y  exposiciones virtuales… y todo para su propio público, su propia comunidad ya activada, ya creada, ya alimentada con el trabajo diario. Para nosotros, y este discurso que nos empeñamos en seguir repensando, resulta sin duda un lugar hacia donde mirar y mirarnos.

5- Colofón propio. Liderar lo desconocido.

  • Territorio, conocimiento, innovación: Si imaginaramos algún tipo de cierre para este cruce de voces, lo haríamos mediante la figura de un plano de coordenadas cartesianas. Concretamente en el primer cuadrante, donde situaríamos en el eje de la X al territorio, y en el de la Y a las capacidades y el conocimiento. En su justa intersección estaría el espacio de/para la innovación. Rondando ese lugar nos encontramos: tenemos las variables, conocemos el territorio, o al menos, se nos presenta delante. Pero el territorio varía, es incierto, ahora mismo parecería un valle desconocido. Ya hemos aceptado que la vía para internarse pasa por hacer las cosas de otra forma; debemos, tendremos, que hacer nuestro trabajo de manera distinta. La pregunta se inclina entonces ligeramente hacia el eje de las ordenadas: ¿tenemos el conocimiento para internarnos, para hacer esos cambios, esas transformaciones? Nadie lo sabe, pero debemos liderar lo desconocido. No sabemos qué ocurrirá, pero también, como dice el filósofo Franco Berardi en Futurabilidad: “la posibilidad no está descartada”. Debemos innovar, pero, al mismo tiempo, debemos luchar para que la cultura sea reconocida –la cultura también está en estado de alarma–; ahora mismo estamos redescubriendo lo útil –nos ayuda a pensar también Berardi–: “de repente, nos vemos obligados a otra economía, donde las finanzas pierden potencia y la supervivencia se plantea en términos de lo que es útil: el agua, el alimento, el aire que respiramos, la sonrisa del otro, la palabra, el afecto.” Quizá, nos atrevemos a pensar desde aquí, esta vez sí de manera por demás entusiasta, no estamos caminando completamente a oscuras, y algunos pasos en esta dirección buscamos dar desde un tiempo hacia esta parte.
  • (Paréntesis 8, A qué comunidades se dirige la cultura y de qué manera lo hace: Una cita más, de nuevo de Ingrid Guardiola (Idem,) para el día después: “Es muy posible que cuando salgamos de esta epidemia no podamos analizar la cultura ni practicarla desde las inercias del pasado, aunque olvidemos muy rápido. A qué comunidades se dirige la cultura y de qué manera lo hace será una pregunta esencial. Quizás tendremos que volver a aprender qué queríamos decir cuando hablábamos de clase creativa, de tejido o de innovación cultural. otras palabras deberán decir con la boca pequeña y la conciencia de su peligrosidad, como internacionalización o impacto cultural , aquellas palabras que se inocularon desde unas Industrias culturales importadas a ciegas en un mundo económicamente globalizado. Algunas habrán cambiado por completo, – sectores, políticas culturales, espacio virtual- y otras, que habíamos dado por caducas, se cargarán de valor de nuevo – sinergias, cultura libre, regreso social-. Si no es así, entonces la cultura corre el riesgo de concentrarse en los símbolos, en el oficialismo institucional y comercial, pero esta vez ambientado con el hedor del sacrificio colectivo ( “en nombre de todos”) que queda impregnado en él después de la catástrofe. Confinados, la cultura se puede apagar lentamente, pero desde el confinamiento también podemos pensar qué cultura queremos y cómo nos estamos implican.”

* Imagen: Erwin Wurm: https://www.erwinwurm.at/