CONVERSACIÓN III (parte uno): Jordi Baltà @jordibalta, Tomás Guido @tomasguido, Mario Hinojos @_mhinojos, Àngel Mestres@mestresbcn, Mariana Pfenniger @m_pfenniger de Trànsit Projectes @TransitCultura & APGCC @apgcc […]

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Sobre CONVERSACIONES EN CONFINAMIENTO*: «No hay nada más dañino que un tonto fatuo que se cree periodista.» Escribió Karl Kraus en 1915 durante su auto impuesto confinamiento. Kraus era agorafóbico pero ante la exigencia de los hechos, hacía muy poco que la Primera Guerra Mundial había estallado allá afuera, transformó su casa de Viena en la redacción de Die Fackel (La antorcha), revista de la que desde entonces se convirtió en su único redactor. Según dijo él mismo, declarando con ella su propia guerra contra la desinformación, el estereotipo, el tópico y el lugar común. «En épocas de bancarrota intelectual, lo que se emite en vez de la moneda ilustrativa es el papel moneda del tópico», se lee sin ir más lejos en uno de sus números a propósito de las informaciones sobre la guerra que lee en los periódicos. Nosotros no pretendemos tan altas ambiciones, ni las de Kraus ni las del periodismo. Seguramente repetiremos más de un tópico pero sortearemos lo mejor que podamos los obstáculos del lugar común. Estas conversaciones (en cuarentena) no son pues una guerra contra nada y contra nadie, son, simplemente, una manera de continuar, desde nuestro rincón ahora un poco más enclaustrado, reflexionando en voz alta y con los que nos rodean sobre lo que nos atañe y nos importa: generar juntos las condiciones para que crezcan proyectos que trabajen por el acceso al capital cultural.

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El pasado miércoles 29 de abril participabamos, a través de la voz de Angel Mestres (director de Trànsit Projectes), en el encuentro Cultura al límit. Post-covid: realment la cultura canviarà? Una reflexión abierta convocada por la Associació de Professionals de la Gestió Cultural de Catalunya (APGCC). La finalidad era, como comienza a ser común ante la incertidumbre que nos rodea en estos momentos, intercambiar ideas y prospectivas entre diferentes profesionales de la gestión y la producción cultural, para discurrir acerca de los posibles efectos que la crisis actual y futura causarán en el sector de la cultura. La propuesta, de la que ya dimos cuenta en este blog, se organizaba entonces alrededor de 4 interrogaciones de partida, que buscaban abrir la conversación hacia la posibilidad de imaginar escenarios factibles para generar mutaciones, procesos de cambio y formas de adaptabilidad en el mundo que se viene

1- ¿Cuáles son las debilidades que se han puesto de manifiesto en nuestro sector con la actual crisis sanitaria?

2- Llegados a este punto de la cuarentena, el debate sobre cómo adaptaremos a corto plazo algunas propuestas culturales parecería medianamente resuelto. Sin embargo, la pregunta que parece más importante es: ¿cómo hacemos sostenible un sector que de pronto ha perdido su capacidad de ser lo poco rentable que ya era?

3- Otra preocupación: suponiendo que la apuesta sea por los formatos digitales, ¿en qué plataformas compartiremos la producción cultural? ¿Consideramos a las grandes empresas como Google unos aliados o unos enemigos? ¿Queremos cooperar o luchar contra el dominio de estas empresas que controlan todo lo que consumimos?

4- Finalmente, para ayudarnos a revisar lo que hemos estado haciendo hasta ahora y para poder configurar estos cambios, ¿Podemos hablar de referentes y de referencias? ¿En qué o en quiénes podemos fijarnos para empezar a dar estos pasos hacia el futuro?

Pensando en las posibles respuestas a las preguntas planteadas para Cultura al límit, desde Trànsit Projectes se nos ocurrió la idea de compartir las interrogaciones de manera interna antes de participar de la conversación convocada por la APGCC. La intención no era otra que encontrar puntos en común (y de discordia) que nos ayudaran a articular una idea compartida (y más representativa de la organización) sobre el posible futuro inmediato de nuestra actividad. Pero también, recoger el reclamo de la APGCC y hacerlo nuestro, para propiciar una conversación previa que nos permitiera poner en común nuestros pensamientos y ocurrencias más recientes alrededor de nuestro trabajo. El paso del cruce de correos en que se convirtió la idea, a la forma de una tercera CONVERSACIÓN EN CONFINAMIENTO fue tan natural, que nos resultó imposible no compartirlo con vosotros. El resultado es el juego de voces que les mostramos aquí. No hemos querido personalizar las aportaciones sino, simplemente, mostrar los diferentes apuntes construídos de forma conjunta.

(Puedes ver la grabación del debate oficial y las aportaciones de los profesionales en el canal de la APGCC: https://www.youtube.com/watch?v=7FD6yo4eN9Y)

1- ¿CUÁLES SON LAS DEBILIDADES QUE SE HAN PUESTO DE MANIFIESTO EN NUESTRO SECTOR CON LA ACTUAL CRISIS SANITARIA?

  • Fragmentación: Probablemente una de las primeras debilidades haya sido la fragmentación del sector, puesta de manifiesto en una serie de dificultades que, a pesar de los discursos sobre el trabajo en abierto que rondan muchos estratos de la actividad, preexisten para colaborar entre pares. 
  • Valor cultural / valor económico: A ello se podría añadir la poca solidez económica del sector cultural; y, relacionado con ello, las serias dificultades para convertir el valor que la sociedad atribuye a la cultura, en ingresos y beneficios proporcionales a esa presupuesta importancia. 
  • (Paréntesis 1, crisis: Sobrevuela, en nuestro caso particular, una sensación –que ya es casi una certeza– acerca de las diferencias entre la crisis que se nos anuncia inminente y la que, según suponíamos, estábamos en vías de superar –la del 2008–. Se dice que esta crisis será mucho peor que la anterior, pero, internamente, tenemos la sensación de que a aquella llegábamos con algo más de aliento –asociaciones malvadas aparte–, un aliento que nos permitió sortear los embates de entonces; a esta sin embargo, por lo menos a nivel sectorial, llegamos desfondados, sobreviviendo, con poco músculo para enfrentar posibles adversidades).
  • Desigualdades internas: Otra de las vulnerabilidades del sector que valdría la pena apuntar aquí son las marcadas desigualdades internas que se han puesto de manifiesto, entre las grandes plataformas que pueden aprovechar herramientas digitales para beneficio propio, y un número muy elevado de iniciativas que, o no tienen las herramientas, o tienen propuestas con muchas dificultades para la monetización a través de estos canales no presenciales.
  • Necesidad de re.enfocar proyectos: En cuanto a las dinámicas de trabajo, encontramos que para aquello que estaba en pleno proceso cuando esta situación se nos vino encima, el parón ha sido también un vuelco. Nos hemos visto obligados a revisar todos los proyectos y procesos culturales en los que estábamos inmersos, para pensar en cómo seguir adelante, en si era necesario re-enfocarlos y si ciertas ideas y propuestas no comenzaban a parecer obsoletas. Nos pasó, por ejemplo, con el curso de Gestión de festivales de música que programamos desde Plataforma/C, increíblemente el curso tiene ahora mismo 46 personas matriculadas, (dato lo convierte en todo un récord en las 6 ediciones programadas hasta hoy), pero la pregunta sigue rondándonos la cabeza: ¿valdría la pena programar algo así en este momento?, pensamos.
  • (Paréntesis 2, ¿reconvertirse?: De la mano de lo anterior nos surgían muchas contra-preguntas: ¿Debemos convertirnos o reconvertir ciertos proyectos? ¿Si físicamente estaremos con las puertas cerradas, podemos pensar algún proyecto específico para espacios como #plantauno? ¿Nos transformamos definitivamente –de cara al verano, por ejemplo–? ¿Convertimos #plantauno en un HUB para dar apoyo social al territorio cercano al centro –Bellvitge–? ¿Conseguimos un piano de cola y emitimos conciertos por streaming –a las 8 de la tarde, por decir algo–? ¿Llamamos a un colectivo de makers y llenamos el espacio de Impresoras 3D para plantear soluciones prácticas a los problemas domésticos actuales? ¿Puede ser útil #plantauno en un momento así? ¿Sería una buena pregunta para los estudiantes de los másters en Gestión Cultural a los que estamos vinculados? Son sólo algunas inquietudes al vuelo).
  • ¿Qué estamos (re)-produciendo? Hay otra posible debilidad que identificamos internamente, ésta mucho más asociada a la época en que vivimos que al sector en particular, aunque a nosotros se nos aparece como un síntoma contagiado al mundo de la cultura. Puede ser una percepción individual, pero una parte del sector creativo ha respondido a esta crisis de formas que si bien parecerían loables y generosas, rozan en ocasiones la sobreproducción, el ruido, la autopromoción, el pánico al olvido, la avidez… Hay una lista muy larga de manifestaciones públicas hechas desde lo cultural o bajo la idea y el auspicio –que se supone siempre positivo– de lo cultural, que parecerían totalmente ajenas al momento social que se está viviendo. Incluso ahora, copados como estamos de tantos directos y tantas listas de recomendaciones y tantas reflexiones al vuelo, esta nueva saturación, a nosotros nos hace preguntarnos también: ¿Qué estamos produciendo desde el sector? ¿Qué es contenido y qué es publicidad? ¿Qué estamos dejando de ver reproduciendo lógicas de producción que quizá ya no sirvan de nada? ¿Estamos reproduciendo virtualmente las mismas –o peores– condiciones de precariedad que han caracterizado al sector en los últimos años? Si todos, o la mayoría, nos manifestamos entusiasmados con la idea de que el sistema cambie, ¿no estamos en cierta manera replicando prácticas del viejo sistema pero ahora virtualmente? Y además: De toda la oferta que parece haber, ¿qué destaca? ¿quién está haciendo las propuestas de valor?, ¿a quién copiamos?
  • Las mismas debilidades del sistema: Hablando de forma más integral o intentando un punto de visión más amplio, podríamos decir también que, en general, la crisis no ha hecho más que poner en evidencia las misma debilidades del propio sistema en el que vivimos. Las debilidades ya estaban allí desde antes y esta crisis (veloz y rotunda), no ha hecho más que evidenciarlas o, incluso, hacerlas, –nos gustaría pensar así–, ineludibles. Es como si el propio sistema no supiera atender: atender a las demandas que la sociedad lleva lanzando, muchas veces con desesperación, desde hace décadas; pero tampoco atender –atendernos– en términos de cuidados. Lo apuntaba muy bien Marina Garcés en esta entrevista aparecida a principios de abril en lamarea.com, en la que se mostraba sorprendida de que se insistiera tanto desde los medios en que supuestamente la crisis de la Covid-19 ha mostrado la fragilidad del sistema: Es una precariedad individual y estructural, porque también afecta al estado en que se encuentran los servicios de atención pública en diferentes países del mundo. Es un sistema basado en la actividad y el crecimiento, pero cuando tiene una patología no puede detenerse, cuidarse ni cuidar de las vidas que cotidianamente expolia y explota. Tampoco las de aquellos que ha dejado al margen, como las personas mayores. Más que la fragilidad del sistema, lo que nos muestra es la desigualdad y la violencia social sobre la que funciona nuestra normalidad.
  • Y más de Garcés en la misma entrevista para cerrar esta primera pregunta: “¿La alerta sanitaria ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad humana? Me sorprende que haya tanta gente repitiendo esta frase, desde filósofos hasta Antonio Banderas. Me pregunto qué vidas tenían y qué realidades conocen quienes lo afirman. ¿No tienen personas mayores dependientes en sus familias? ¿No conviven con personas discapacitadas o con trastornos mentales? ¿No conocen la realidad altamente vulnerable de muchos barrios y territorios de nuestras ciudades? ¿No sufren el impacto de los cánceres y otras patologías debidos a factores ambientales y sociales? La vulnerabilidad y la interdependencia ya estaban, cada día, como realidad cotidiana para la mayoría. ¿Qué nos impedía verlas y pensarnos desde ellas?” Habría quizá también, pensamos nosotros, que preguntarse: ¿qué parte de esa fragilidad está presente, pero de igual forma, promovida, o dicho de otra forma, copada, por nuestro sector?

2- ¿CÓMO HACEMOS SOSTENIBLE UN SECTOR QUE DE PRONTO HA PERDIDO SU CAPACIDAD DE SER LO POCO RENTABLE QUE YA ERA?

  • Colaboración: En primer lugar habría que apelar de nuevo al espíritu colectivo. Así, hace falta mucha más colaboración entre todos los agentes, tanto para reducir determinados costes, como para tener una voz unificada y por consecuencia fuerte de cara a las reivindicaciones en materia política y presupuestaria; e incluso de cara a la imagen social de la cultura y su necesario reclamo como actividad, si no esencial, sí de vital importancia para el desarrollo. Los últimos meses también muestran que cuando se ha ido a la una –Actúa Cultura 2%, etc.–, el sector se ha visto fortalecido, al menos de cara a la percepción pública.
  • (Paréntesis 3, reconocimiento/valor/políticas: Para ser sostenibles deberemos atender a dos aspectos fundamentales: una comunidad de personas, seguidores, prescriptores, socios… que crea en nuestros valores; y una red de aliados con objetivos comunes –educativos, sociales, medioambientales…) A partir de aquí, una alternativa viable para la sostenibilidad pasa por reclamar mejores políticas culturales, más reconocimiento del papel de la cultura para otros objetivos públicos (cohesión social, bienestar, etc.) e innovar en modelos de negocio, para poder traducir el valor que mucha gente atribuye a la cultura en ingresos que permitan una mayor resiliencia (pensando muy rápido: crowdfunding, suscripciones tipo www.aixeta.cat, etc.)
  • Narrativas: En el trasfondo del debate sobre la sostenibilidad está también una pregunta que solemos obviar, sobre la capacidad que puede tener –o ser capaz de desarrollar– el sector cultural para ofrecer narrativas e historias que conecten con el delicado momento social –enfermedad y muerte pero también crisis económica y precariedad social– y aporten significado.
  • Valor social: Todos los puntos anteriores apuntan hacia una misma dirección, la vigencia del valor social de la cultura. Una orientación en la que creemos fielmente desde esta casa y por la que trabajamos de forma muy marcada en nuestros más recientes proyectos. Ya lo apuntábamos en la Conversación número II: cultura local como respuesta y apoyo para el ‘cercano día después’. Ahora, más que nunca, el sector cultural ha de refundar su mirada sobre lo social, y asumirse como una plataforma posible para proponer respuestas y nuevas metodologías de trabajo. ¿Es eso sostenible? lo es si ampliamos la mirada y no limitamos el concepto únicamente al beneficio económico. La cultura es entendida aquí en su calidad de bien colectivo. Una actividad que aporta beneficios a la comunidad y contribuye a su desarrollo. Lo que implica que el desarrollo no puede ser sostenible sin una vertiente social, una dimensión ecológica y una base cultural. Se habla con frecuencia en términos de economía sostenible, industrias culturales sostenibles, consumo cultural sostenible, sostenibilidad ecológica… pero habría que ampliar y buscar generar proyectos para trabajar para o promover la sostenibilidad.
  • (Paréntesis 4, lo insostenible: También está sobre la mesa el debate sobre lo insostenible. La pregunta sería ¿qué se sostiene y hasta qué punto puede sostenerse? y nos la hacemos alrededor de las ideas del economista José Manuel Neredo sobre la sensación generalizada de que el sistema actual y sus consecuentes prácticas en todos los ámbitos de la vida comienzan a ser insostenibles:A la vez que se extendía la preocupación por la sostenibilidad, se subrayaba implícitamente, con ello, la insostenibilidad del modelo económico hacia el que nos ha conducido la civilización industrial. Sin embargo, tal preocupación no se ha traducido en la reconsideración y reconversión operativa de este modelo hacia el nuevo propósito” dice Neredo en Sobre el origen, el uso y el contenido del término sostenible).
  • A manera de resumen –tal vez sin mucha esperanza por el momento–: especular una respuesta a esta pregunta, es buscar soluciones a algo que rondaba al sector desde mucho antes de la acometida de esta situación tan particular. Ante lo cual, podríamos decir que no tenemos una idea clara sobre lo que se podría hacer –¿qué hay más allá de las soluciones momentáneas? ¿ rescates sociales, planes de financiación y promoción, multiplicación de las ayudas, más subvenciones?– Sólo nos queda insistir en un síntoma, el que se repetía en las primeras anotaciones de esta conversación: a saber, que ya se estaba operando en una precariedad sin horizonte; que desde hace ya muchos años la actividad parece haber asumido como única realidad operativa el mínimo de beneficios, e incluso, que prácticamente la única sostenibilidad posible pasaba por no generar pérdidas desechando la ganancia como horizonte. Para contribuir a la conversación a este respecto vale mucho la pena echar un vistazo al artículo La cultura, un animal mitológico de Álvaro Holgado, aparecido a mediados del mes de abril en El Salto. De allí extraemos dos apuntes: “La crisis económica derivada de la pandemia del coronavirus deja ver, de hecho, las entretelas de un debate poco usual en el ámbito español. Pareciera que de repente los trabajadores de la cultura, esos intermitentes, se quejaban poco y que ahora eppur si muove, coman, paguen facturas y no sean ángeles de ficción, sin sexo ni apetito, que han venido al mundo a rellenar nuestras horas muertas… Hemos decidido que la cultura es, en términos socioeconómicos, un lugar limitado por los trabajadores de la cultura. Y hasta aquí todo bien. Pero resulta que el concepto de trabajador en España está tan limitado a su productividad, a lo cuantitativo, que lo cualitativo ya tal. Porque habría que dejar de pagar por tarifas y empezar a pensar en cómo subsisten quienes abonan las horas de trabajo que lleva la confección de una idea, a la conclusión de este…” “Para esos intermitentes queda, además, todo un contexto de crisis, donde la posición con respecto a la cultura en el proyecto político de país debería ser parte esencial del debate. Un debate que debería iniciarse cuanto antes, todo sea dicho. De nada servirá un rescate social a los trabajadores culturales si cuando todo esto termine no hay planes integrales de financiación y promoción de estructuras. Viendo las últimas nuevas del Estatuto, un pacto de consenso sin precedentes en el que ya superaba la idea sector, las medidas ya estaban sobre la mesa. “Crisis” tiene en su raíz el cambio, por poner una nota de optimismo. El berrinche y el enfado, más entre semejantes, que no es cosa nueva por desgracia, siempre será inútil y quizás nos sirva más eso de sentarse a hablar con cierta propiedad y empatía. No sería mala cosa.”
  • (Paréntesis 5 –o nota al pie a la pregunta 2–, precariedad: Usted puede colocarse en el nivel de radicalidad que desee, o en el extremo que sus condiciones le permitan. Ya hemos citado en una de nuestras Conversaciones en confinamiento a Remedios Zafra @RemediosZafra y su más que pertinente El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital. Aquí una suerte de nota al margen de ese discurso que tanta necesidad teníamos de ordenar hasta antes de la aparición del postulado de Zafra, y que es también una nota al pie, furiosa y vehemente, consideremos el momento, para esta pregunta, extraído de Cuando el conflicto nos elige, Marta Domènech @martadomenechg  i Rubén Martínez @RubenMartinez, revista Nativa: 2020: “La precariedad puedes vivirla como radicalidad, asumes ingresos indignos por trabajar en lo que te gusta y puedes sentirte libre. Lo cierto es que trabajamos todo el día por 6 euros/hora. La realidad material es aplastante pero a menudo navegamos por todo tipo de fabulaciones emprendedoras. En síntesis, bajos niveles de ingresos, índice moderado de contratación temporal –comparado con la media– y un alto porcentaje de trabajo por cuenta propia. Al ser ese trabajo el sostén de dinámicas de producción y consumo que impactan en otras economías (las famosas externalidades positivas de la cultura) y también parte importante del branding urbano, aparecen relatos sobre su buena salud. Entre otras milongas, se asegura que el empleo cultural ha ido creciendo en los últimos años hasta igualar niveles anteriores a la crisis (¿cuál de ellas?) o que «el turismo mantiene a la cultura como un atractivo destacado». Las preguntas son muy obvias: ¿qué tipo de empleo? ¿En qué condiciones laborales? ¿Por qué deberíamos identificarnos con una «industria» que mezcla grandes sellos discográficos, plataformas online privadas y museos con un ejército de gente con ingresos miserables? ¿Un sector con patronal, rentistas y gente que trabajamos por el capricho de subsistir? ¿Quién no querría unirse a ese engendro?”

 

*Esta CONVERSACIÓN EN CONFINAMIENTO continuará en un siguiente post de próxima publicación

* Imagen: Erwin Wurm: https://www.erwinwurm.at/