Por Jordi Baltà Portolés (@jordibalta| A través del movimiento constante, que conecta el interior y el exterior y viceversa, la danza puede activar el cuerpo y la percepción hacia una forma de vida más sensible y orientada a la escucha. Además, la danza como práctica social, o como práctica colectiva, puede convertirse en un entorno en el que habituarse a estar con otros, equilibrando las dimensiones, necesidades e intenciones individuales y comunitarias.”

 

¿CÓMO CONTRIBUYE LA DANZA A LA SALUD Y AL BIENESTAR?

Quienes así se expresan son dos artistas residentes en Italia, que participaron hace unos meses en la campaña #DanceAndWellBeing organizada por la European Dancehouse Network (EDN). La EDN es la principal red europea de “casas de la danza”, que agrupa a 47 centros de 28 países distintos. Impulsada en el marco de la pandemia de la Covid-19, la campaña #DanceAndWellBeing fue un programa de clases de danza en línea, facilitadas por artistas residentes en distintos centros europeos de danza. Este es uno de los muchos ejemplos que muestran que la relación entre las artes, la salud y el bienestar ha ganado una atención creciente a nivel internacional en los últimos años.

Estas relaciones se analizan en el informe Dance and Well-Being: Review of evidence and policy perspectives. How dance can contribute to ensuring healthy lives and promoting well-being for all at all ages, encargado por la EDN y elaborado por Trànsit Projectes, y que acaba de ser publicado. Uno de los elementos que aborda el informe es la forma en que la danza, cuando se relaciona con la salud y el bienestar, puede contribuir al alcance de los Objetivos de Desarrollo Humano (ODS) incluidos en la Agenda 2030 de la ONU.

El análisis presentado en el informe indica que la danza puede contribuir a fomentar la salud mental y el bienestar (meta 3.4), concienciar sobre enfermedades transmisibles y en cuanto a la prevención y el tratamiento del abuso de sustancias adictivas (metas 3.3 y 3.5), potenciar y promover la inclusión de personas en situaciones de riesgo (meta 10.2) y proporcionar acceso universal a espacios seguros, inclusivos y accesibles, entre otros para las personas de edad y las personas con discapacidad (meta 11.7). A continuación resumimos algunos datos y conclusiones del informe.

La contribución de la danza a la salud y el bienestar

Entre las aportaciones más significativas a la reflexión sobre las artes, la salud y el bienestar en los últimos años se encuentra el informe publicado en 2019 por la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que analizó más de 900 publicaciones editadas desde el año 2000. Según sus autoras, Daisy Fancourt y Saoirse Finn, “al operar simultáneamente a nivel individual y social, así como físico y mental, las intervenciones sanitarias basadas en lo artístico ocupan un lugar único para poder tratar en toda su complejidad los desafíos que hoy sabemos que se necesitan para tener buena salud y bienestar”.

El informe de la OMS – Europa estableció muchas conexiones entre la danza, la salud y el bienestar. En el terreno de la prevención y la promoción de la salud, por ejemplo, mostró que la danza puede contribuir a una mejor gestión y prevención del estrés, mejorar la conciencia corporal y conducir a comportamientos más saludables, incrementar el bienestar subjetivo, mejorar la memoria, el aprendizaje y la atención, y, cuando se realiza en grupo, contribuir a las conexiones sociales y a desarrollar el capital social y comunitario de una sociedad.

En cuanto a la gestión y el tratamiento de los problemas de salud, el informe presentó resultados de estudios que mostraban que la participación en la danza y en otras actividades artísticas puede reducir la ansiedad y la depresión en niños y adolescentes, ayudar a las personas con desorden de estrés postraumático a desarrollar una relación más sana con su cuerpo, y mejorar la calidad de vida de las personas con la enfermedad de Parkinson, entre otras cosas.

Estos resultados se suman a un gran número de proyectos a pequeña escala, así como a algunos programas y políticas más amplios en varios países, que están relacionando a las artes con la salud: proyectos de danza en hospitales y residencias, colaboraciones entre organizaciones artísticas y sanitarias, y algunas políticas públicas que dan apoyo al trabajo en este ámbito. En la región de Île-de-France (Francia), el programa Cultura y Salud, creado en 2005, da apoyo cada año a numerosos proyectos que relacionan las artes y la salud, y en los que se requiere la participación de artistas profesionales. En Finlandia, la iniciativa Embajadores de la Danza lleva a profesionales de la danza a trabajar en residencias de la tercera edad, escuelas, guarderías y centros de acogida de migrantes, para facilitar el movimiento y fomentar la salud y el bienestar físicos y mentales.

La dimensión inclusiva de la relación entre danza y salud

El trabajo que conecta la danza y la salud puede no solo contribuir a la mejora de la salud de las personas participantes, sino también contribuir a reducir las desigualdades en el acceso a la cultura. Esto se explica porque los grupos desfavorecidos y en riesgo de se ven expuestos con mayor frecuencia a problemas de salud y, por este motivo, participan más a menudo que otros grupos sociales en programas de arte y salud.

Muchas iniciativas en este ámbito se dirigen a personas mayores, personas con discapacidad y otros grupos que padecen importantes problemas de salud. Un buen ejemplo de ello fue el proyecto online “Pleasure on the Chair”, para personas mayores, desarrollado por la coreógrafa Sara Sguotti en el Centro per la Scena Contemporanea de Bassano del Grappa (Italia), durante el confinamiento de la Covid-19. Según una de las participantes, fue “la cosa adecuada en el momento perfecto”, porque les permitió “reapropiarse de sus cuerpos”.

En varios países, se han impulsado programas de “prescripción cultural”, mediante los cuales instituciones sanitarias, de protección social u otros servicios locales recomiendan a una persona la participación en actividades artísticas o culturales, con el objetivo de mejorar su salud y su bienestar. La evaluación del programa Kulturvitaminer (Vitaminas culturales) llevado a cabo en Aalborg (Dinamarca) indicó que los participantes, que antes de participar en el programa sufrían depresión, estrés o ansiedad en grado leve o moderado, habían mejorado sus niveles de energía, autoestima y motivación como resultado de la iniciativa.

Cómo potenciar la conexión entre danza y salud

El informe llevado a cabo por Trànsit Projectes para la EDN identifica un “ecosistema” de medidas interrelacionadas y que se refuerzan mutuamente: los programas de fomento del acceso al arte y la salud se ven facilitados cuando existen estrategias y políticas públicas concretas en este ámbito, y donde también se han establecido acciones de investigación, intercambio de conocimiento, trabajo en red y capacitación para fortalecer el trabajo en este ámbito. El informe formula varias recomendaciones para mejorar el trabajo en este sentido, a nivel local, estatal y europeo.

También es importante tomar en consideración que, como explicaron las investigaciones hechas anteriormente por BOP y Aesop, en los proyectos que vinculan las artes y la salud, no se pueden alcanzar buenos resultados en materia de salud si no se alcanzan los objetivos propiamente artísticos: es decir, es necesario prestar atención a la calidad del proceso artístico en sí.

Las investigaciones existentes también alertan del riesgo de ver en las artes un “paliativo universal”: aunque hay evidencias sustanciales sobre la aportación que la danza y otras expresiones artísticas pueden hacer a la salud y el bienestar, esto no sirve para todos los problemas de salud ni en cualquier circunstancia. Sin embargo, impulsar un diálogo sistemático entre los sectores artísticos y sanitarios podría servir para desarrollar reflexiones más complejas sobre las conexiones existentes y potenciales.

Finalmente, como también expone el informe, las reflexiones sobre salud, bienestar y cuidados en el ámbito de las artes también deben incorporar una atención a la salud y el bienestar físicos y mentales de los bailarines, coreógrafos y otros artistas y profesionales de la cultura, en relación por ejemplo con el efecto de las condiciones laborales y de financiación, y deberían conducir a adoptar medidas en este sentido.

Estas ideas se ven reforzadas por la centralidad de la salud, el bienestar y los cuidados en nuestras sociedades tras la pandemia de la Covid-19, que se sitúa en el trasfondo del informe.


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