En su libro Intimidades congeladas, la socióloga Eva Illouz desarrolla el concepto de capitalismo emocional. Contrario a lo que se ha afirmado históricamente, dice Illouz, el capitalismo ha alimentado una intensa cultura emocional, favoreciendo el desarrollo de una nueva cultura de la afectividad […]. Una estela que va desde la transformación de los afectos en mercancías, la proliferación de la autoayuda y las prácticas terapéuticas; hasta los grupos de apoyo y las nuevas formas de sociabilidad nacidas a partir de Internet.

Desde la perspectiva de Illouz, la mayor parte de los grandes relatos sociológicos de la modernidad contenían otra historia colateral en términos de emociones. Por más que no sean conscientes de ello, dice, los relatos sociológicos canónicos de la modernidad contienen, si no una teoría desarrollada de las emociones, por lo menos numerosas referencias a éstas: angustia, amor, competitividad, melancolía, indiferencia, culpa. Lo que viene a significar que todo el proyecto material de esa modernidad: la ciudad, la vida cotidiana y las formas de comunicación y relación, están atravesados por las emociones.

El presente no es distinto, al contrario, con el paso de los años se ha intensificado esta relación con el universo de lo sensible. En esta nueva entrega de nuestros Territorios, un repaso que sugiere diferentes lecturas de los vídeos indexados en el proyecto Ciudades Emocionalesnos acercamos al espacio urbano como territorio para transitar, justamente, a través de las emociones. Somos todos emociones. La forma en que nos despertamos, como tomamos nuestro desayuno, al elegir la ropa para vestirnos y salir a la calle; como andamos por la acera, como nos aventuramos en el escenario de nuestra vida cotidiana. Todas esas acciones dependen de nuestro estado emocional. El psicólogo estadounidense Richard Lázarus considera que la emoción surge de una evaluación cognitiva del entorno. La emoción es considerada como una respuesta del organismo delante de una experiencia determinada que afecta o provoca nuestras acciones. Sin duda la emoción es un elemento psicológico, pero es en mayor medida un elemento cultural y social. 

Guadalajara, México. Las ciudades como nodos también son emocionales. Un importante centro comercial, industrial y cultural del país es también una urbe para perderse, para derivar por las calles y por los pensamientos. Una forma de lectura de la ciudad hecha desde los pies. Caminar es ritmo, es danza. Guadalajara Walking forma parte de un proyecto sencillo pero no por ello menos evocativo, registrar el tránsito de las personas que se desplazan por una calle céntrica de una ciudad cualquiera, colocando sobre el audio ambiental una canción relacionada con el lugar. El resultado: la coincidencia, el accidente, el hallazgo; también el registro de lo cotidiano, el documento, y allí, el ritmo de los pasos, las emociones evocadas. El movimiento de los peatones pretende seguir una canción popular clásica, El Jarabe Tapatío interpretado por un grupo de mariachis. Todo se convierte en un coreografía. Calle en movimiento: zapatos de cuero, zapatos de paño, zapatillas deportivas, botas, tenis, zapatos sociales, de gala, altos y bajos. Zapatos alegres; pasos melancólicos; pies tristes; caminar entusiasmado. Múltiples viajes cotidianos que solamente la experiencia de la calle puede ofrecernos.

Vídeo: GUADALAJARA walking / Autor: Paulina Gallegos

Si hablamos de ciudad, de caminatas, de modernidad y de emociones, el lugar es París. Se ha dicho y escrito muchísimo sobre París. El espacio de la modernidad leída a través de las ideas y de las emociones es París. Baudelaire, Benjamin, Breton, Debord, Perec… París es caminar, es vagabundear, es perderse. Pero hay otras formas de viajar a través del universo de emociones que es París. La ciudad tiene una de las redes de transporte público más antiguas y organizadas de Europa. Utilizado por la mayor parte de la población, el metro de París es el tercero más grande del continente. ¿Existe algo más urbano que viajar en el metro? “Three years ago in Paris I got out of a metro train at La Concorde, and saw suddenly a beautiful face… I could not find any words that seemed to me worthy, or as lovely as that sudden emotion.” , escribe Ezra Pound en uno de sus textos sobre la capital francesa. El filósofo Marc Auge también abordó el tema en El viajero subterráneo. Un etnólogo en el metro, publicado en 1982, y reescrito como El metro revisitado. Una observación detenida del metro de París que transita cada día, para descubrirnos las transformaciones que se han sucedido en el mundo en general, al hilo de las reflexiones que le provoca este medio de transporte. En Sub City París, la cámara reproduce la mirada del pasajero que viaja entre andenes y vagones. Un viaje por un París subterráneo que a ratos emerge a la superficie y va dando cuenta de paisajes, de calles, de colores, de iconos y marcas, de personas, de rostros y de historias.

Vídeo: Sub City París / Autor: Redglass Pictures

Las ciudades también son nostalgia. Del pasado, del futuro, de la memoria perdida; de lo irrecuperable, de las fatales decisiones urbanísticas. De lo que se ha querido ser y no se logra, de lo auténtico. El pasado jazzistico en Barcelona es una invitación a la nostalgia, pero es también la constatación de una tradición vigente. Desde el Jamboree hasta el Taller de Músics, cientos de eminentes representantes del género han visitado la ciudad. Si el Raval es territorio de rincones donde las Jams se suceden todavía en este presente vuelto parque temático, hay barrios que con el paso de los años se han convertido ya en un bastión de las tradiciones fundacionales del género jazz. El baile y la diversión que antecedieron al free y las más intrincadas y virtuosas ejecuciones instrumentales. El barrio de Gràcia es territorio Swing, dice el slogan de un movimiento que ha proliferado en la ciudad. Una banda de jazz ocupa la plaza de la Virreina del barrio de Gràcia. El ritmo swing contagia a todos. Clarinete, saxofón, trombones, contrabajo, batería, teclado y violoncelo son los instrumentos tocados en público por una banda de muy jóvenes músicos Es entrañable la imagen de la solista de trompeta, una niña todavía, paseando sus notas al estilo de Amstrong por entre los pies inquietos de los bailarines que han tomado la plaza. Gente de diferentes edades se mezcla en un movimiento de goce, disfrute y emociones que sólo pueden ser evocados por el baile. 

Video: Easy Money – Sant Andreu Jazz Band / Autor: mep1990

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