“Desde la Biblioteca de Alejandría hasta nuestros días el ser humano no ha cesado de imaginar, construir, poblar, destruir, salvar, quemar, recrear, reconstruir y hasta defender, con uñas y dientes, sus bibliotecas. Animales coleccionistas, adictos al archivo, otro nombre posible para el homo sapiens sapiens podría haber sido el de homo bibliotecario, porque el orden alfabético o por géneros o pasiones o afinidades, ya forma parte de nuestro ADN —esos terabytes de información microfilmada, esa biblioteca biológica, portátil y en miniatura que cada cual transporta en sus venas y en sus carnes—, porque ya es genética nuestra necesidad de ordenar la memoria”. Jorge Carrión, Contra Amazon. Continuar leyendo